26 de abril de 2016

La globalización y las culturas. Pasar de lo simple a lo complejo

Tantas versiones de calle de lo que la gente entiende por “globalización” debe llevarnos a cuestiones sobre la naturaleza de tal fenómeno, sus alcances, implicaciones, qué prevenciones y que provecho puede sacarse de ésta.

En mucho menos de 20 años he escuchado sobre la globalización a diestra y siniestra, entre tanto, me parece curioso que de las mismas personas escucho comentarios positivos y negativos a la vez, como si no se pusieran de acuerdo con ellos mismos, como si la globalización fuera un partido político o un grupo económico que simpatiza y a veces no, según el rumbo de sus decisiones.



Una mujer de 21 años, sentada frente a su computadora, se experimenta incapaz de separar su mirada de la pantalla de inicio de Facebook; […] La razón para mantenerse “pegada”, es la sensación de que corre “el riesgo de perderse algo”.

El anterior testimonio, tomado de un artículo de la revista Affectio Societatis sirve para ilustrar una situación, situación no ideal según la propuesta de este texto frente al proceso de globalización, el texto en sí muestra cómo la joven navegante manifiesta una incapacidad determinada por su falta de autonomía frente a lo que hace, esta cita fue tomada de una aproximación teórica titulada “Las Redes Virtuales y Las Nuevas Ilusiones de la Cultura” cuyo campo de estudio es el psicoanálisis, sin embargo, este no es el tema central del presente escrito, lo tomo como referente para mostrar de qué manera los avances tecnológicos que influyen en la globalización tienen incidencia en el individuo, cambian las formas tradicionales de nuestras vidas y son un fenómeno de “aquí dentro”, que sucede también en lo más íntimo (Giddens,1999). Me permito reflexionar sobre algunos aspectos de la globalización para entenderla no como un mal innato sino como una serie compleja procesos que si bien hasta hoy arrojan unos resultados de inequidad social y cultural ( entre otros, políticos, económicos e ideológicos), también debe ser considerada como una contradicción, es decir, sus efectos aunque inequitativos, son multidireccionales pues “la globalización no sólo presiona hacia arriba, sino también hacia abajo” (Giddens,1999); concebida así, pienso que dichos resultados parecen adversos y absolutos pero pueden ser contrarrestados a través de la educación por medio de un enfoque contextualizado en la manera de abordar los procesos de formación.

Frecuentemente se tiene una noción imprecisa de la globalización como un “complot” ideológico y conveniente de grupos económicos determinados, los cuales quieren someternos a sus lógicas de rentabilidad, si bien esto puede tener algo de sentido, es una versión incipiente de algo tan complejo que abarca tantas variables, entre tantas, la económica, sin embargo no es la única. Esa noción incipiente reduce la complejidad de los procesos históricos en la sociedad, a veces lo pienso como una nostalgia por algo que pocos recuerdan en su cercanía y que muchos otros ni siquiera vivieron, una nostalgia por lo local, por la originalidad de las formas de vida, vidas que de alguna forma e históricamente estaban influenciadas por la colonización pero que de igual modo las sentíamos nuestras y autóctonas. Tal sentimiento deja entrever la nostalgia por un supuesto pasado, a fin de cuentas algo más contradictorio, pues, toda amalgama futura de costumbres es y será menospreciada e incoherentemente acogida, es común que las costumbres activas de la colectividad en su vida cotidiana no van de la mano con dicha nostalgia, por ejemplo, es común escuchar sobre algún aprecio en la vestimenta local pero siempre se viste con marcas americanas, gusta más el Rock extranjero que la Cumbia local, no se acostumbra la TV Regional sino las grandes cadenas de contenidos para el entretenimiento, en conclusión: en el discurso estamos aquí (nostálgicos), en la práctica parecemos fuera de sí mismos, fuera de la misma herencia familiar y cultural. Según mi visión, esa nostalgia por lo local se ve abrumada por la impotencia de algo que ya está dado y que al final se nos sale de las manos, dicha impotencia responde de igual modo a la resignación sobre esa imposición virtual, recayendo en la idea de la globalización exclusivamente económica.

Es preciso entonces, ampliar la mirada y pensar estos procesos como otro momento que la historia de las sociedades se permite en su constante e imparable cambio, entender que el ejercicio de poder, tal y como lo plantea Foucault, no es unidireccional, se resiste y se ejerce a la vez, es un juego a dos manos en donde se tira y se presiona. La música, la moda, algunas costumbres, algunas ideas para el activismo, los lenguajes y tantas otras cosas que se pueden ejemplificar, son dinámicas en la esfera terrestre, son adoptadas y modificadas en diferentes partes del mundo, en unas partes con más fuerzas que en otras, pero cada vez se hace más difícil la posibilidad de no acceder a asuntos foráneos. Hoy en día es posible ver en los medios de comunicación tradicionales la inclusión de opiniones o situaciones que tienen lugar en medios de comunicación contemporáneos (Facebook y Twitter), ya no es el medio tradicional el que condiciona las lógicas e insumos informativos de los demás, sino que al contrario, los medios contemporáneos son el insumo de los tradicionales, es decir, se reconoce un poder de la colectividad por medio del uso de herramientas digitales producto de la red internet y su ascenso en popularidad. Es un síntoma de cambio, en donde las lógicas que parecían totalitarias e inmodificables van mutando, en favor de unos o de otros, pero cambian sin una voluntad específica de un ser que decide qué se hace y qué no se hace, de una manera compleja el cambio no se prevé ni se controla sino que resulta de muchos tornadizos sociales.

Algunos teóricos se han pronunciado ante aquél sentimiento de impotencia, proponen la globalización como algo que en su complejidad no es un mal innato, es un proceso que involucra a las instituciones e individuos, y éstos deben hacer frente a los retos que surjan de la dialéctica entre la Educación con asuntos económicos, políticos, ideológicos y culturales. La Educación, concebida como “institución” que en las sociedades tienen un papel importante tanto en la transformación como en la conservación de los rasgos culturales. Ésta tiene el reto de emprender una búsqueda por hacerse a una contextualización curricular, pues “el currículo interviene como la columna que vertebra la cultura general y la perspectiva de vida que los educandos desarrollen” (Agüero, 2009) y es justo hacerlo en la medida que los educandos desde su perspectiva son quienes materializan los cambios sociales, desde sus contradicciones y sus acuerdos dentro de la sociedad misma.

Corresponde a la educación preparar los imaginarios sociales, construir pensamientos y diseñar modelos de comportamientos cargados de racionalidad y contextualizados con lo mejor de la tradición cultural y en correspondencia con el proyecto nacional. Agüero, 2009.

Debemos ser conscientes de la inequidad evolutiva de la globalización (Giddens,1999), pero a la vez considerarla como la emergencia de una mezcla de influencias, por ende, necesitamos reconstruir las instituciones que tenemos ahora para combatir la impotencia ante este fenómeno que hoy nos preocupa. Para lograr dicha conservación del tesoro local, desde el plano institucional e individual se debe apostar por una posición “que no nos permita actuar pensando de modo idéntico y único” (Bárcena, 2006) que lamentablemente viene adoptando formas extranjeras, en cambio se encamine toda propuesta pedagógica con un tinte más humano que dé cabida a la experiencia, ésta en el sentido que propone Bárcena como herramienta para otorgar sentido al conocimiento y sacarlo del plano de lo absurdo o en el mejor de los casos, permitir que el conocimiento sirva para significar lo que nos toca como seres vivientes humanos y no dejarlo sólo en los beneficios de rentabilidad, en su trato como capital comercializable. Esta propuesta de Bárcena es pertinente en la medida que nos permite desacomodarnos de la visión lejana y ajena del conocimiento, salir a cuestionar lo dado y de nuevo, dotarle de sentido.

La relación competitividadEducación superior, dentro de una racionalidad axiológica debe centrarse en el humanismo para no caer en la lógica del capital y de la instrumentalización.  Guerrero, 2004

En conclusión, pensar la Globalización como una fuerza posmoderna maquinada y de malas intenciones es una forma en desuso, quedarnos en ese punto reduce las posibilidades de avance, tanto en lo científico como en lo cultural, pues limita la emergencia y comprensión de algunas dinámicas para ponerlas a favor de los intereses de la educación. Por otra parte, tomar conciencia de esa complejidad posibilita que el individuo reflexivo tome posición y forme su propio criterio en favor de la conservación de su herencia cultural, lo cual no es una decisión antagónica de la adopción de nuevas formas de vida, se hablaría mejor de un enriquecimiento cultural donde el conocimiento no es un objeto sin sentido, sino un recurso para compartir, diversificando sin invisibilizar lo que hay. Por último, se invita al maestro en formación a ser propositivo en su ejercicio de intelectual, no estancarse en el reproche por la nostalgia de lo pasado, pues no todo pasado fue necesariamente mejor, la utopía de frenar lo espontáneo de las sociedades no puede anteponerse a los esfuerzos por ofrecer experiencias que transformen lo que hay a partir de lo mismo, de aquello que espontáneamente se nos pone de frente en esta parte de la historia de las sociedades, de nuestra vida misma.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Agüero, F. (2009). Educación, Cultura y Desarrollo en la Globalización. Universidad de Cienfuegos. Revista Universitaria de Investigación, Año 10. 1, Junio 2009.
Bárcena, F. (2002). Educación y Experiencia en el aprendizaje de lo nuevo. Revista Española de Pedagogía. Año LX. N° 223. 501-520.
Guerrero, Gerardo (2004) La Educación en el contexto de la globalización. Universidad de Nariño. Rhela. Vol.6.año 2004 pp. 343-354
Giddens, A. (1999). Un Mundo Desbocado. Los Efectos de la Globalización en Nuestras Vidas. México. Taurus.