19 de noviembre de 2015

Educar a los Manotazos



Hace poco caminaba con mi compañera por la ciclorruta que, a esa hora, estaba vacía e iluminada. Amparados por la luz nos sentimos seguros. De repente, una campana de bicicleta y una mirada frenética: un extranjero manoteaba, enojado, porque no ocupábamos el espacio peatonal.

Horas antes, en cine, se sentó a mi lado un caballero elegante que, a manera de solución a la trama de la película, exclamó: “¡Matémoslos a todos!”. Esa fue su sentencia ante la devastación de las selvas colombianas, a manos de los humanos.

Terminada la noche, encendí mi computador y, de repente, Facebook se me presentó con reportes de inseguridad y un ramillete de comentarios en los que los ciudadanos “de bien” aplaudían el linchamiento de presuntos delincuentes. Nada distinto a los reglazos de otrora en la escuela o a los gritos del maestro en defensa de su verdad, que debía ser aprendida: la letra con sangre entra.


Quizás, esa energía negativa es la violencia heredada de aquella costumbre de educar a los manotazos. En otros casos, se privilegia aquella frase que reza: “Árbol que nace torcido jamás se endereza” y, por consiguiente, hay que tumbarlo de raíz. Es increíble que la Ley del Talión perdure en una sociedad que se presume avanzada y civilizada.

“Hay que quemarles las manos”, propone cetra con sangre entra.omo castigo un internauta, al enterarse de un caso de robo. Y ni qué hablar de las voces que se unen para solicitar la pena de muerte. Se quiere hacer “limpieza social”, acabándonos por medio de la agresión, todos contra todos.

Se pasan por alto las consecuencias de la justicia por mano propia, se nos olvida que por culpa de ese método han desaparecido familias enteras que confundieron justicia con venganza.

En tiempos en que la paz es el tema central en nuestro país, se debe aprovechar para revisar todos los comportamientos que tienden a la degradación de la convivencia. Tenemos un espacio en común que debemos cuidar; también, una serie de valores que no pueden ser deformados ni amañados a tantas situaciones cotidianas en nombre de una supuesta superioridad moral .

*Taller de Opinión es un proyecto de El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión joven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidades e instituciones vinculadas con el proyecto.

Publicado en Taller de Opinión del Diario EL COLOMBIANO

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